jueves, 1 de septiembre de 2011

#Capitulo2. Libro raro :)

Eran justo las seis de la tarde. Elizabeth esperaba impaciente a los chicos del club. El aliento que salía de su boca producía pequeñas nubes de vaho que se dispersaban alrededor de ella, hacía un frío que congelaba los huesos. De repente, unas risas inundaron sus oídos, miró a un lado. Eran los del club, como prometieron, vinieron a buscarla.
-Tío te digo que esa no viene fijo, primero porque no la dejarían sus padres y segun…
El chico no pudo terminar la frase, pues consiguió reconocer a Elizabeth.
-Anda Mick, no juzgues a alguien por lo que aparente ser.
Allí estaba, el chico de los ojos grises.
-Hola, me alegro de que no faltarás a nuestra cita. Tenía mis dudas sobre si ibas a venir.
-La verdad es que yo también-contestó Elizabeth- Bueno… ¿y dónde es la reunión?
-Espera, ahora vamos todos juntos.-contestó el chico, sonriente.
Elizabeth echó a andar pero él la paró en seco.
-Oye, parece mentira. Pero no se tu nombre…ni tú el mío.
-Oh, vaya…mi nombre es Elizabeth.
-Encantado Elizabeth, puedes llamarme Yami.
-¿Yami? ¿Qué tipo de nombre es ese?-preguntó Elizabeth extrañada.
-Es un nombre de origen japonés, significa “oscuridad”.-contestó, poniendo una voz grabe como para asustarla.
La joven se echó a reír.
-Por tu cara no me inspiras mucha oscuridad, pero bueno…
Él esbozó una sonrisa y después cayó en la cuenta de que no estaban solos.
-¡Perdón! Se me olvidó presentarte a Mick.
-No he dicho nada porque no quería estropear con mi presencia un ritual de apareamiento tan romántico.- contestó Mick molesto.
Mick no era un chico que llamara mucho la atención. Era bajito y sus gafas le daban un aspecto intelectual.
-¿Ritual de apareamiento? ¿Pero qué dices loco?
-¡Bah! déjalo. Encantado Elizabeth, yo soy Mick, el oscuroooo…-dijo imitando la voz que puso anteriormente Yami al explicar el significado de su nombre.
Él le pegó un codazo, a lo que éste se llevó la mano rápidamente al brazo, dolorido.
-Ya te vale tío, no tienes gracia –contestó Yami riéndose.
-Perdóneme señor Ángel Martín…
Elizabeth se rió por lo bajo, aquella escena le estaba resultando muy cómica.
-¿Hay que esperar a alguien más o nos podemos ir?-preguntó tímidamente la joven.
-Em…pues la verdad es que no. Nos podemos ir.-contestó Yami.
Mick y él se adelantaron, Elizabeth echó a andar detrás de ellos con la cabeza agachada, le daba vergüenza ir con dos extraños.
-¡Eh, Elizabeth! Pero ponte aquí a nuestro lado, no te margines como si fueras un emo depresivo.-dijo Yami mientras sonreía.
Por primera vez Elizabeth se fijó del todo en aquel chico. Una cascada de cabello rubio caía por sus hombros, sus ojos grises se rasgaban cuando sonreía, mostrando una chispa de alegría en ellos…era realmente imposible no acabar contagiado por ella.
La joven se puso a su lado tímidamente y no habló en todo el trayecto.
-Mira, ya hemos llegado.-dijo Mick.
Llegaron a las puertas de un garaje, del cual salía un ruido tremendo.
-Puff, a ver si nos escuchan. ¿Joder la que están liando no?-dijo Yami sorprendido.
Llamó a la puerta energéticamente, con fuerza, para poder ser escuchado.
Al poco rato, la puerta empezó a abrirse lentamente y apareció una chica justo delante de ellos.
-¡Hola Ariasu! –saludó Mick efusivamente.
Ariasu se trataba de una chica bastante llamativa. No solo era por su aspecto, pues vestía una falda de cuadros escoceses roja, una camiseta negra de tirantas con calaveritas y justo encima de su pelo largo y ondulado castaño se podían ver una diadema negra con dos orejitas de gato. Llevaba lentillas a juego con las orejas de su diadema.
-¡KONICHIWA!- exclamó gritando mientras agitaba su mano nerviosamente en forma de saludo.
-Mira Ariasu, ella es Elizabeth- dijo Yami mientras le daba un pequeño empujoncito a la joven, pues estaba muy avergonzada.
-Ho…hola.- consiguió decir tímidamente.
-¡OOOH! ¡FUCK! – gritó Ariasu emocionada.- ¡HELENA, VEN CORRE!
Unas pisadas rápidas y fuertes sonaron de pronto. En segundos apareció otra chica de la misma edad de Ariasu seguramente.
Su ropa no era tan llamativa, pues solo se componía en prendas negras, menos su camiseta; en la que ponía: I love yaoi. En cuanto al físico, no era muy alta. Su pelo, lleno de bucles pelirrojos le caían por la espalda. Su piel, pálida como la de un muerto, mostraba unos grandes ojos castaños.
-¿QUÉ PASA? –gritó histérica.
-¡Mira Helena! ¡Se parece a Dana la de las Crónicas de la Torre! –exclamó Ariasu nerviosa.
Helena se acercó a Elizabeth, examinando cada rasgo de su cara. Al final se puso a gritar de nuevo.
-¡OSTIAS ES VERDAD! ¡Es Dana la Señora de la Torre! ¡Qué ojazos tienes maldita!
Elizabeth se apartó un mechón de pelo negro de la cara, ruborizada. No sabía quién era esa tal Dana y por qué le sacaban ese parecido con ella.
-¡Helena! ¡Ahora nos falta Kai! –contestó Ariasu.
Helena se volvió rápidamente hacia Yami.
-¿Cómo que nos falta? Si tenemos aquí a un perfecto Kai la mar de violable.- dijo con un brillo especial en los ojos.- ¡Ponte lentillas verdes Yami!
-¡Ni lo sueñes locaza! A mí me dejas de frikadas sobre personajes de libros.
-Jo…que soso eres hijo, con lo mono que estarías.- respondió Ariasu enfurruñada.
- Él ya es acosable de todas formas.-dijo Helena mientras lo observaba de arriba abajo.
-¿Podemos entrar para empezar con la reunión por favor? – preguntó Yami molesto.
-Vale, bueno…no te me pongas farruco. –dijo Ariasu.
Entraron en el garaje, en el cual solo había un gran coche todoterreno y un par de bicicletas tiradas a ambos lados. Tuvieron que hacer malabarismos para llegar a una puerta que se encontraba casi escondida. Ariasu aporreó la puerta como haciendo un ritmo como si de un tambor se tratase. El bullicio del interior desapereció y dio paso a pequeños murmullos. Alguien abrió la puerta lentamente, pero no lo suficiente como para pasar al interior.
-Contraseña…-dijo una voz seria justo detrás.
-¡Tu madre!-gritó Mick.
-Jo…como eres hijo.-contestó la voz.
La puerta se abrió del todo. Un chico de pelo castaño y ojos negros les dio la bienvenida.
-¡Hello, friends!-saludó entusiasmado.
-¡Erik! ¡Mi niño uke monoso! –gritaron Ariasu y Helena al unísono.
-¿Y ella quién es?- dijo Erik asombrado al ver a Elizabeth.
-Es la Señora de la Torre que ha venido a cargarse al Vaticano de un hechizo.-respondió Ariasu partiéndose de la risa.
-¿What? –contestó Erik aún más confuso.
-Déjalas, son muy frikis.-dijo Yami mientras reía- Ella es Elizabeth, quiso unirse a nuestro club. Lo que pasa es que es muy tímida todavía.
Yami volvió a dedicarle una de sus bonitas sonrisas a la joven, no sabía donde meterse.
-OH, pobre. A mí me pasó lo mismo el primer día. Elizabeth, yo soy Erik.
Erik se acercó para darle dos besos, a pesar de que ella se echará para atrás.
-No te preocupes, verás como encuentras aquí tu sitio. Yo lo hice. –respondió Erik sonriente.
-Sí, entre nosotras dos. Si es que un uke tan mono no puede ir por ahí solo sin que yo le echara la zarpa encima.-dijo Helena lanzándose para abrazarlo.
-Bueno, ya vale, vamos a presentarle a los demás y comenzaremos con la reunión.-dijo de pronto Mick, pues llevaba callado minutos.
Se sentaron en uno de los sofás de la habitación, no era muy grande, pero si acogedora. Sobre todo si estaba llena de gente tan amigable.
-Elizabeth, éste es Alexis.- dijo Yami a su lado.
-¡Ey! ¿Qué pasa? –dijo Alexis mientras alzaba su mano para chocarla con la de ella. Alexis era más mayor que el resto. No solo por su tamaño, pues parecía un armario empotrado. Su pelo largo de color negro y su perilla le daba un aspecto de hombre de 20 años. Transmitía un poco de agresividad, pues los dos brazos los llevaba cubiertos por unas grandes pulseras de pinchos de cuero negro. En su camiseta aparecía el logo del grupo Motörhead y sus pantalones, a pesar del frío que hacía fuera, los llevaba rotos.
-Buenas tardes, encantada. –consiguió decir Elizabeth.
-¿Elizabeth? ¿Cómo Elizabeth Báthory? –dijo alguien detrás de Alexis.
Tendría la misma edad que él, solo que éste no era tan grande. Su gran cresta roja lo hacía más delgado y joven.
-¿Elizabeth Báthory? ¿Tú te has leído eso?-dijo Alexis extrañado.
-No solo leo libros sobre anarquía listo, que eres un listo.
-Él es Cris, Elizabeth.-susurró Yami.
-¿Quién es esa Elizabeth Báthory, Cris?-preguntó Erik de pronto.
-Es la mayor asesina en serie de todos los tiempos, por lo visto se cargó a 650 muchachas, todas vírgenes.
-Vaya… ¿y eso por qué lo hizo?- volvió a preguntar de nuevo.
-¡Por que tenía la regla y estaba cabreada! –gritó Ariasu de repente, a lo que Helena empezó a reirse a carcajadas.
-Pues no, lista.-respondió Cris-Dicen que después se bañaba en la sangre de las vírgenes para conservar su juventud.
-Una historia muy interesante Cris, pero ahora vamos a escuchar a la Elizabeth no asesina. Vamos, cuéntanos algo de ti. –dijo Yami tan sonriente como siempre.
-Bueno…no sé qué decir la verdad. Mi vida no es muy interesante. En fin, soy hija única. No tengo amigos, es más, suelo ser víctima de los abusones. Mi familia es súper creyente, pero no comparto sus creencias aunque estoy obligada a hacerlo.-explicó la joven tímidamente.
-¿Y qué es lo que te trae por aquí? –preguntó Mick.
-Supongo, que encontrar un lugar donde me acepten tal y como soy. Un lugar donde pueda expresarme sin ningún tipo de represalias.
-Te comprendo, yo andaba buscando lo mismo.-comentó Erik.
-Pues aquí no tendrás ningún problema.-dijo Ariasu.
-Bueno, ¿podemos comenzar ya con la reunión? ¿Cuál es la razón por la que nos has llamado Yami? – preguntó de pronto Alexis.
Yami se levantó, cogió su mochila y tras rebuscar sacó un periódico. Lo extendió para que todos pudieran leer el titular.
-Mirad chicos, el papa ocultó 200 casos de pederastia a niños sordos.-dijo Yami serio.
Todos se quedaron boquiabiertos.
-Realizados, todos y cada uno de ellos, por un sacerdote estadounidense.
A Elizabeth se le puso los pelos de punta, recordó su caso. Aquel suceso que no la dejaba dormir por las noches desde hace tanto tiempo.
-¿¡Y después el maricón soy yo no!?-gritó Erik enfurecido.
-Erik, no te alteres por favor.- dijo Helena mientras lo abrazaba.
-Puff, son unos mentirosos compulsivos… ¿qué querías que hicieran? Es lo único que saben hacer.-opinó Cris.
-¿Pero por qué hacer eso? Si los sacerdotes estadounidenses pueden casarse y mantener relaciones.-dijo Ariasu extrañada.
-Vete tú a saber por qué- contestó Alexis.
-¿Sabéis que es lo que más me alucina tíos?-dijo Yami, tomando de nuevo la palabra-Que ahora el papa celebra una misa pidiendo perdón y ¡ala! Con la conciencia tranquila.
-Esos se creen que por rezarle tres oraciones a un ser imaginario ya consiguen ser perdonados por todos.-respondió Mick mientras limpiaba sus gafas tranquilamente.
-No tío, no sé si estoy loco o qué pasa. ¿Cómo puede seguir las personas apoyando a esta gente?-dijo Yami, todavía sin poder creérselo.
-Tal vez porque son tan indecisos que necesitan que alguien tome la iniciativa por ellos.-dijo de pronto Elizabeth.
Todos se quedaron callados ante el comentario de ella, mirándola fijamente.
-¡Eso, lo has clavado colega!-dijo Cris.
-Elizabeth, ya me caes bien.-contestó Erik.
-Si es que…mini Dana promete.-soltó Ariasu.
Todos se echaron a reír, y decidieron continuar con su reunión.
Al terminar, Elizabeth vio lo tarde que era se puso nerviosa:
-¡Oh, no! Es demasiado tarde, el autobús no pasará hasta dentro de un buen rato. Voy a llegar tarde a casa y me va a caer una…-decía mientras daba vueltas como si fuera un tigre enjaulado.
-Elizabeth, no te preocupes.-dijo Yami con suavidad-Alexis se va en coche a su casa, puede llevarte él a la tuya. Seguro que no le importa.
-En absoluto.-intervino Alexis sacando las llaves de su coche.
-Pero…es que…no me parece bien…-murmuró la joven con timidez.
Yami se agachó para poder mirarla a los ojos, pues la cabeza de ella estaba completamente agachada con la mirada fija en el suelo.
-No te preocupes, te acompaño.-murmuró esbozando una sonrisa amable.
Elizabeth consiguió tranquilizarse un poco, a lo que añadió un “está bien” sin mucho esfuerzo. Antes de subirse al coche, se despidió de los demás.
-Buenas noches a todos.
-Encantados de conocerte, ¿mañana vienes de nuevo?-preguntó Erik esperando un “sí” de respuesta.
-No lo sé, veré que puedo hacer con mis padres.-contestó Elizabeth.
-Jo, yo quiero ver de nuevo a mini Dana. –dijo Helena con un brillo alegre en los ojos.
Terminaron de despedirse, y Alexis arrancó el coche dispuesto a escuchar las indicaciones de ella para poder llevarla a su casa.
En todo el recorrido, Elizabeth no habló, estaba demasiado ocupada, pues se encontraba en el lugar más recóndito de su mente. Solo reaccionó cuando Alexis paró el coche, ya había llegado a su casa.
-Muchas gracias, espero veros pronto. Me lo he pasado muy bien hoy. –añadió mientras salía del coche.
-Yo también espero verte pronto.-dijo Yami.
Elizabeth se ruborizó, y salió corriendo hacia la puerta de su casa. Antes de llamar, vio como Alexis, dentro del coche, le daba un pequeño codazo a Yami mientras se reía, a lo que éste le siguió el juego.
Elizabeth se dio la vuelta, y justo cuando le faltaban escasos milímetros para tocar el timbre, su madre abrió la puerta de par en par.
Hola Eli, ¿Quiénes son esos que te han traído en coche?-preguntó su madre con preocupación mientras asomaba la cabeza para poder ver el coche a lo lejos.
Elizabeth pensó, al final añadió:
-Son unos amigos-dijo con una sonrisa en los labios.

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